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El lobo vagabundo en busca de su amo

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El lobo vagabundo en busca de su amo

Mensaje por Invitado el Jue 26 Sep - 13:14

Caminaba por los caminos rurales de Fiore, sin dirección fija pero con una simple idea en mente: alejarse lo más posible del Norte. Su vestimenta militar sugería que sirvió en algún momento a la milicia norteña, ajena al ejército real de Fiore pero siendo un anexo bastante útil que cuidaba las heladas fronteras del norte, tierra llena de leyendas y cuentos de magia y fantasía, pero también tierras donde las ventiscas matan a todos los hombres descuidados, el invierno congela hasta la sangre y los animales cazan a los humanos como si de simples ovejas se trataran. El norte no es tierra para niños, dicen muchos, y sin lugar a dudas este hombre vestido de militar no es un niño. Ni siquiera se podría considerar un hombre como tal, pero eso sería otra historia.

A lo largo de su caminata por ningún-lugar, su huída del norte no se debía a cobardía, como se puede esperar luego de describir tan frío e inhóspito lugar; se debía a algo más, un propósito inútil de saber pues aquel hombre alto y delgado, de cabello plateado y ojos rojo carmesí, no pronunciaba palabra alguna, así que difícilmente se puede saber lo que piensa o diga, ya que nunca dirá nada.

En el trayecto final, donde se podía ver una ciudad a lo lejos en el horizonte, finalizando la carretera rural, unos bandidos interceptaron al militar, que se limitó a mirarlos, uno por uno, estudiando, analizando y pensando en silencio. Parecía bastante intrigado en cada personaje que lo rodeaba, pero a la vez decepcionado. El líder de los bandidos lo amenazó con entregar todo o le darían una paliza, pero mantuvo silencio, fijando sus ojos rojos sobre el impetuoso líder, que retrocedió un paso por la intimidante mirada, pero no dudó en dar la orden de ataque. Los débiles bandidos dudaron de atacar directamente a alguien tan alto y notablemente de buen físico, oculto tras su chaqueta militar, pero ante los enfurecidos gritos del líder atacaron, sólo para caer como moscas ante las patadas del sujeto. No cabía duda que el enigmático personaje de cabello plateado tenía suficiente entrenamiento para defenderse de unos simples bandidos, y al cabo de 10 minutos ya todos sus oponentes estaban en el suelo, más agotados que heridos. El líder, sin embargo, recibió una patada en el rostro cuando se encontraba en el suelo, inconsciente. No sintió cuando su nariz se quebró, ni cuando una segunda patada azotó su costado, o una tercera le volaba un diente; no hubo más patadas por las súplicas de 2 bandidos restantes, únicos que mantenían cierta consciencia de la situación, y pedían a gritos que dejara a su líder en paz, que no tenía sentido atacarlo cuando ni siquera era capaz de mantener la consciencia. Perdonó al líder, aunque en sus ojos brillaban los destellos de la decepción, completamente inentendible.

Aquel hombre se retiró caminando, con la ciudad en el horizonte como destino, dejando atrás una pequeña muestra de su crueldad.

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Re: El lobo vagabundo en busca de su amo

Mensaje por Invitado el Dom 29 Sep - 15:59

La ciudad al final no resultó ser eso, ni se aproximaba a una ciudad, era solo un pequeño pueblo que si acaso tenía plaza, siendo otro pueblo más de la zona rural que demostraba en arquitectura y en la vestimenta de los lugareños la humildad de su economía y el arduo esfuerzo de su trabajo. Llegó e inmediatamente su presencia se hizo notar, a tal punto que muchos se le quedaban mirando, impresionados por su tamaño, por su cabello plateado y por su uniforme militar, tan común en el norte pero en aquel lugar era demasiado extraño y hasta intimidador. Pudo notar que varios le miraban con cierto odio injustificado, pues no lo conocían ¿cómo pueden odiarlo? La única justificación que pudo darle es que ahí odiaban a los militares, y pareció decepcionarse, por alguna razón esperaba quedarse en aquel lugar apartado y rural, lo suficientemente lejos del norte y lo suficientemente aislado, para empezar una nueva vida, pero ni eso.

Atravesó en pueblo en cuestión de minutos, otra forma de decir que la pequeña localidad es más pequeña aún de lo que se puede imaginar, y ya saliendo se encontró con un grupo de campesinos que parecían estar peleando entre ellos. No entendió bien el motivo, sólo escuchaba quejas sobre la mala producción de este año, que el rey no les aportaba nada, se acusaban unos a otros de ladrones y muchas disparatadas más. De los 7 campesinos que estaban reunidos ahí, ninguno estaba a favor de nadie, y antes de lo previsto se armó una paliza de todos contra todos. El hombre de cabello plateado se quedó en la distancia, mirando atentamente la pelea hasta que por fin tuvo un fin y uno de los campesinos, el más corpulento de todos, se alzó con la victoria. A partir de ese instante lo empezó a seguir, cuando el agotado campeón decidió regresar a su hogar.

En el trayecto se dio cuenta que el sujeto de cabello plateado le seguía de cerca, y se giró para encararlo. A pesar de sus gritos pidiendo una explicación y luego amenazando con una paliza, el enigmático hombre de ojos rojos no respondía ni se movía del lugar, por eso mismo el campesino empezó a atacarlo con puñetazos y patadas, que eran fácilmente esquivadas. Tras un largo rato de fracasados golpes, el campesino cayó agotado y el uniformado se retiró, con cierto aire de decepción, no sin antes darle una patada en el pecho al campesino ¿un castigo por su debilidad? ¿Acaso esperaba más del fornido trabajador?

Caminó por el mismo camino rural, apuntando al sur, siempre al sur, sin conocerse bien de sus intenciones, siempre silente.

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Re: El lobo vagabundo en busca de su amo

Mensaje por Invitado el Dom 6 Oct - 18:33

En un bosque cercano, el sujeto extraño se quedó en la sombra de uno de los árboles dispuesto a pasar la noche ahí. Las nubes tormentosas amenazaban con dejar caer un diluvio sobre él en las próximas horas, pero eso no le motivaba a buscar refugio o siquiera un techo, parecía no importarle nada de eso hasta que algo llamó su atención y le hizo levantarse para investigar. Se trataba de un disparo que se oyó cerca, peligrosamente cerca, y unas voces confirmaban un grupo de personas. Sigilosamente, como un hábil animal, se movió entre los árboles hasta avistar al grupo de humanos, que resultaron ser cazadores, en un claro del bosque. Aún desapercibido, se movió más cerca para ver exactamente lo que cazaban: un venado, uno pequeño que seguro se había separado de sus compañeros y corrió con la mala fortuna de ser la presa de los cazadores.

Aunque su rostro no lo mostrara, estaba indignado ante tal acto que repudiaba con toda su alma. Salió de su escondite y caminó lentamente hasta el grupo de 4 cazadores, quienes se inquietaron por su presencia y hasta empezaron a amenazarlo por su inoportuna llegada. Sin embargo el uniformado no les prestó atención y lanzó una patada justo a la entrepierna del primer hombre a su alcance, con rifle en manos. Aquel cazador calló en medio de lágrimas y sus compañeros reaccionaron para tratar de vengarlo, con esfuerzos inútiles por dispararle a un ágil hombre de cabello plateado. Durante la serie de volteretas que hizo para esquivar las balas y golpes de los cazadores, el sujeto perdió su gorra y su chaqueta se abrió un poco, mostrando un collar circular plateado con, entre otras cosas, su nombre inscrito: Hans Günsche.

Para mayor pesadilla de los cazadores, cuyos rifles no sirven a corta distancia y fallaron todos los disparos, quedando el cartucho vacío, el hombre llamado Hans empezó a cambiar de forma, su cabello plateado se extendió por su rostro y cuello, y su cráneo tomó la forma canina de un lobo. Hasta sus manos se asemejaron más a zarpas de un can, pero seguía erguido en dos patas, como si se tratara de un lobo bípedo. En su forma parcial, más rápido que nunca, Hans les propinó patadas y fuertes zarpazos a los cazadores, quienes quedaron al borde de la muerte y apenas conscientes, lo suficiente para que se retiraran. Hans les había perdonado la vida, aunque parecía no estar contento con ello, su objetivo no era asustarlos, pero algo le hizo cambiar de parecer, y eso era precisamente que el venado aún seguía vivo. La herida de bala no lo había matado, sólo herido, la intervención de Hans evitó que fuera rematado. Adoptando su forma humana otra vez, atendió al venado para retirar la bala y aplicar unas hierbas que le ayudarían, aunque como era un bosque del cual tenía pocos conocimientos, las hierbas probablemente no serían tan útiles.

A pesar de todo, la atención sirvió para que el venado se pudiera poner en pie, corriendo con todo lo que podía, huyendo de Hans. Si bien le había salvado la vida, sabía lo que era, otro depredador más, y lo mejor era huir. El hombre lobo, por otra parte, no le molestó en lo absoluto esa actitud, simplemente recuperó su gorra de unos arbustos no muy lejos y se dispuso a continuar su camino, aunque la lluvia llegó primero y decidió quedarse en el bosque esperando que la tormenta se calmara.

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Re: El lobo vagabundo en busca de su amo

Mensaje por Invitado el Dom 13 Oct - 20:00

La fuerte lluvia amenazaba con inundar el bosque, revolviendo la tierra y las hojas en un charco de lodo y ramas, pero aquel hombre lobo, Hans, le preocupaba otra cosa. En su inmensa forma de lobo wargo, iba de un lado a otro, cambiando de lugar cada minuto cuando el cielo negro se iluminaba por los relámpagos y los truenos desgarraban el sonido de la lluvia. Si, aquel enorme lobo le tenía miedo a los rayos, y cambiaba de lugar por temor a que uno de esos rayos le cayera encima. ¿Cómo semejante animal puede temerle a algo poco probable? Podrá ser humano, pero no todos los humanos entienden de estadística.

Ya había pasado un buen rato con la misma tontería, el lobo ni siquiera se podía acostar en un lugar seco, no hallaba refugio natural. Subestimó la presencia de la tormenta, la lluvia no le causaba inconveniente, pero los rayos era otra cosa. Con los nervios de puntas con cada relámpago, los sentidos de Hans estaban completamente nulos, nunca escuchó, olfateó o siquiera observó llegar a una mujer, que caminaba por el bosque y coincidieron repentinamente. La mujer inmediatamente observó al lobo gigante y le apuntó con sus dos pistolas, justo a las patas. Hans, entre la confusión de los rayos, de la inoportuna extraña y que le apuntaba a las patas, no reaccionó a tiempo y devolvió la mirada, con bastante hostilidad en sus ojos. No sabía si ella iba a disparar realmente, pero no movió ni un sólo músculo hasta que otro relámpago iluminó el cielo. Ahí, sin prestar atención a otra cosa, saltó y se abalanzó sobre la mujer, que disparó de nuevo a las patas. Confiado de que había fallado ambos disparos, aterrizó pesadamente sobre ella, pero en realidad ni estuvo cerca y sentía un fuerte dolor en el costado; apartentemente si había recibido dos disparos en el costado derecho y ella no estaba a menos de un metro, como inicialmente se percató, sino a más de 10 metros. Furioso por su error, y más agresivo de lo normal, intentó darle caza a la mujer pasando a su forma híbrida, mucho más ágil aunque ralentizado por el fuerte dolor en su costado. Llegó tan rápido como pudo hasta ella, saltando entre los árboles mientras la misteriosa mujer sólo apuntaba con sus armas, sin disparar; creyó darle una patada, pero en realidad fue él quien recibió una fuerte patada en su cara de lobo. Para cuando se recuperó, otros disparos sonaron, aparentemente lejos, pero le dieron en sus piernas.

Sin ningún tipo de comprensión de lo que pasaba, estaba perdido entre la realidad y lo que creía que pasaba, no comprendía nada, seguía viendo a la mujer a por lo menos 15 metros, pero luego recibió otra patada en la cara seguido de un punta pie en el abdomen. A duras penas se mantenía consciente, estaba recibiendo una paliza y ni sabía por dónde venían los golpes; confiando en su instinto animal, lanzó un zarpazo al aire justo al frente de él, y logró hacer un pequeño corte en la mejilla izquierda de ella, para darse cuenta que tenía ambas pistolas sobre sus ojos oculares. -P*to perro... Dijo ella poco antes de que disparara.

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Re: El lobo vagabundo en busca de su amo

Mensaje por Invitado el Lun 14 Oct - 14:38

Hans finalmente despertó la mañana siguiente, con el sol radiante y ni rastro de la lluvia o de la extraña mujer. Inmediatamente revisó todo lo que tenía, lo poco de hecho, y notó que nada faltaba; incluso sus heridas de bala estaban ahí, selladas y terminando de curarse gracias a su regeneración. No entendía lo que había pasado, estaba seguro que le habían disparado en la cabeza, a los ojos, y eso debió matarlo. ¿Estaba muerto? -Al fin despiertas, p*to. Duermes demasiado... La enigmática mujer estaba detrás de él, mirando fijamente a Hans y ambas miradas, rojas carmesí, se cruzaron y la hostilidad brotó de Hans, aunque no atacaba, sólo mantenía la mirada fija y los músculos tensos, probablemente tratando de emitir un gruñido que nunca se escuchaba. Se puso de pie inmediatamente y la encaró, sin dejar de lado esas intenciones asesinas, esa repentina necesidad de despedazarla, pero por otro lado no era estúpido, no tuvo ninguna oportunidad la noche anterior y probablemente tampoco la tendría ahora. -¿Qué pasa, p*to? Deja de mirarme... Antes de cualquier otra reacción, le disparó al muslo derecho de Hans, que cayó pesadamente, no esperaba el disparo, aunque si presentía el peligro. ¿Acaso era más rápida que sus instintos? ¿En qué momento sacó su arma?

-Lo debo admitir, tus heridas son una j*dida molestia, te disparé varias veces anoche. Te iba a dejar morir desangrado, tenías mi permiso para morirte como el maldito perro vagabundo y pulgoso que eres... Pero eres un bastardo que no se muere con un par de balas, ¿verdad? La mujer estaba sentada sobre la raíz de un árbol, hablando con total normalidad pero insultando a Hans cada tanto de una forma... normal, como si lo conociera de toda la vida, o estaba segura que a pesar de los insultos, el hombre no podría hacerle nada. Como era de esperarse, Hans no respondió nada, no emitió ni una palabra, sólo se levantó y retomó la hostil mirada contra ella. Seguía tenso, con ganas de lanzarse sobre ella, pero no lo hacía, esperaba el momento adecuado. -¿Te arrancaron la j*dida lengua los p*tos ratones de mi*rda? Te estoy hablando. Disparó de nuevo, al muslo izquierdo de Hans, pero él esquivó la bala. De verdad lo había hecho, no como la noche anterior que tenía problemas de percepción. Su instinto le dijo el momento exacto, y eso le permitió esquivar una bala, para sorpresa de la mujer. -Ya veo, eres un maldito perro con sus trucos. No eres normal, bastardo, además de curarte, también puedes predecir mis balas a pesar de la distorsión. ¿Qué más sabes hacer? ¿Sabes dar la pata? ¿Hacerte el muerto? ¿Traerme el j*dido periódico todas las mañanas? Ante tantos insultos, Hans no toleró más y se lanzó contra ella. Como esperaba, ella realmente no estaba ahí, así que su patada fue al aire, pero esperó pacientemente que el contraataque se produjera. Predijo la dirección del ataque, pero no el momento, y la mujer le propinó una fuerte patada en el costado herido por las balas. Eso le dolió bastante, pero no tanto como esperaba la mujer, que veía al hombre aún de pie cambiando lentamente a su forma de lobo, a una forma parcial de lobo humanoide.

-¿Por qué mi*rda eres tan resistente? Eres toda una molestía... La mujer guardó sus armas y se mantuvo frente al hombre lobo, con una actitud despreocupada a pesar de que sonó muy molesta. Hans por su parte seguía a la espera de una nueva ofensiva, o iniciarla él, aunque para sí mismo se decía que no había oportunidad contra ella, sólo estaba jugando con él, claramente era muy superior por esa extraña confusión de percepción que tenía. Llegó a la conclusión que era ella quien hacía tal distorsión, no sabía cómo; ella, sin embargo, pareció perder todo interés en el sujeto, y le dio la espalda para empezar a marcharse. Hans, sorprendido, bajó la guardia sin entender exactamente lo que ocurría. ¿Ella le estaba perdonando la vida? ¿O estaba huyendo? No estaba claro, pues a pesar de que ella tenía toda la ventaja, no estaba causando heridas de seriedad. ¿Por qué? Sin pensarlo dos veces, regresó a su forma humana y empezó a seguirla. Inmediatamente ella se dio cuenta. -¿Por qué caraj* me sigues? ¿No tienes ciervos que comer en este mohoso bosque? Una vez más, sin respuesta de Hans, prosiguió. -Eres raro. Haz lo que quieras, sígueme si eso te place, no me importa. Pero te lo advierto: en cuanto me aburra de ti, tendrás un par de balas entre las cejas...

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Re: El lobo vagabundo en busca de su amo

Mensaje por Invitado el Jue 17 Oct - 21:05

Pasaron un par de días, y la extraña pareja no se separaba en ningún momento. Parecía realmente raro al principio, la mujer constantemente le recordaba lo incómodo que era tenerlo cerca, siguiéndola a todas partes y que él ni siquiera respondiera, pero esa situación cambió demasiado rápido para el segundo día. Rendida de tratar de alejarlo con insultos, y dispararle se había vuelto aburrido, la mujer decidió por fin aceptarlo como compañero de viaje, o como ella lo llamaba oficialmente: "el molesto inútil que sirve de mula, no habla, no hay que alimentarlo y falta por entrenarlo". -Es un nombre muy largo, a pesar que lo he inventado yo. ¿Qué te parece si te llamo "mugrosa mula"? ¿O simplemente mula? Y ante esa última pregunta, Hans solía mostrarle el collar de plata con su nombre inscrito, para que la mujer lo ignorara y par de horas después preguntara lo mismo. Parecía que trataba de cansarlo, pero no tenía efecto por más que lo intentara un millón de veces aquel día.

Cansada de lo mismo, ambos terminaron en un pequeño pueblo cuyo nombre era demasiado estúpido para que la mujer lo recordara, y no era de importancia para Hans, por lo que se puede decir que era un pueblo cualquiera, podía haber sido una reverenda basura, a ninguno de los dos le importó. Como era costumbre de la mujer de cabello plateado al entrar en cada pueblo que visitaba, hizo un caos en las calles para reunir rateros y "contactos", les sacaba información literalmente a tiros y luego se divertía con alguno que otro pobre diablo que la desafiaba. Su temperamento cruel y desenfrenado, sin ninguna risa diabólica pero si unos ojos chispeantes de locura, era lo que mantenían atado a Hans. Ese trato "justo" a la basura del lugar era justo lo que empezaba a creer que era correcto, luego de sufrir un terrible trato en el norte, constantes cacerías que le hicieron perder su fe en la humanidad. Ella no le restauró la fe ni nada cercano, pero indudablemente atrajo la atención de Hans.

Cuando las autoridades locales decidieron ir en busca de la mujer, Hans intervino enérgicamente, combatiendo junto a ella en una pelea desigual y exageradamente a favor de la pareja, obligando a los pobres e inexpertos guardias del pueblo a huir. -No lo haces mal, aunque no le gustan los p*tos guardaespaldas. Mula, no me interesa una mi*rda lo que quieras, o que no puedas hablar. Pero no eres como los estúpidos que he conocido. Tengo planes, grandes planes, y me importa una mi*rda si quieres participar o no, ya te j*diste en el momento que empezaste a seguirme, ahora harás caso a toda p*ta palabra que diga, ¿de acuerdo? Básicamente no se esperaba una respuesta positiva de Hans, pero cuando él lo hizo, ella quedó algo sorprendida. -Muy bien. Si alguna vez abres tu p*ta boca, espero que sea para decir mi nombre. Soy JO, no te importa qué caraj* significa, sólo JO, ¿de acuerdo? Vamos, consigamos una forma de darte una marca. Me gusta marcar a mi ganado. Sin realmente tener una razón para hacerlo, JO consiguió una forma de crear una marca mágica usando... robando un sello mágico de una tienda del pueblito. -Es increíble que en esa mi*rda de pueblo tuvieran algo como esto. En fin, ya le tallé el j*dido. Con la chaqueta desabotonada y exponiendo su pecho, Hans indicó el lugar de la marca, una especia de rosa, sobre su pectoral izquierdo. -Te ves ridículo, pero tendrá que servir... Por ahora.

Finalizado.

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Re: El lobo vagabundo en busca de su amo

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